Cuando despertó ya había aclarado, y un lindo sol coloreaba todo a su alrededor. Tenía un poco de frío, la ropa sucia, pero su alma se sentía feliz. Había pasado una noche entera, sola, en un bosque.
Buscó con los ojos al Mago, aún sabiendo la inutilidad del gesto. Él debía estar andando por los bosques, procurando "comulgar con Dios", y quizás preguntando se si aquella chica de la noche anterior tuvo el coraje de aprender la primera lección de la Tradición del Sol.
-Aprendí sobre la Noche Oscura- dijo ella al bosque, que ahora estaba silencioso- Aprendí que la búsqueda de Dios es una Noche Oscura. Que la Fe es una Noche Oscura.
No fue sorpresa. Cada día del hombre es una Noche Oscura. Nadie sabe lo que va a pasar el próximo minuto, e, incluso así, las personas van hacia adelante. Porque confían, porque tienen Fe.
O, quien sabe, porque no perciben el misterio encerrado en el próximo segundo.
Pero esto no tenía la menor importancia, lo importante era saber que ella había entendido.

Que podía poblarlo con serpientes y escorpiones o con una fuerza protectora.
Que la Fe no tenía explicaciones. Era una Noche Oscura. Y tan sólo cabía a ella aceptarla o no.
-¡Es muy difícil la Tradición del Sol!- le gritó al bosque.
-¡Tengo que ser mi propia Maestra, y no era eso lo que yo esperaba!
Miró hacía la pequeña ciudad allá abajo, trazó mentalmente su camino por el bosque y empezó a andar.
(Paulo Coelho, Brida)
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